NO AL TRANVÍA: TINCER – LOS MAJUELOS

 

«» Edilberto Rodríguez Morales

 

 

 

Oímos con incredulidad, y más a menudo de lo que quisiéramos, cómo vecinos de los alrededores de Taco, aceptan de buen grado la prolongación de la Línea 2: TINCER – LOS MAJUELOS, indiferentes a los posicionamientos de aquellos ciudadanos que ven en esta iniciativa intereses caciquiles y perjuicios a los comercios ya establecidos, como si las grandes superficies no fuera suficiente.

 

   Sin embargo estas mismas personas deberían reconocer que otras preocupaciones afectan igualmente a la convivencia de quienes diariamente recorremos su avenida, ya sea por lo aconsejable que resulta estirar las piernas o por el simple placer de poder conversar con los amigos, y acabar tomando un barraquito en las cafeterías que encontramos a nuestro paso. 

 

   Deberían saber que no solo nos inquieta la posible transformación de un lugar apacible y cercano, del que nos sentimos merecidamente afortunados; sino también porque dichas obras en tiempo de crisis es un atentado al sentido común de los mortales. No sólo por el capital público a invertir y que una empresa privada disfrute de esos privilegios, con tasas de paro tercermundistas; sino por las arbitrariedades que tendremos que asumir una vez finalizado dicho proyecto: alteración de los carriles bicis, estrechamiento de la travesía peatonal, menos aparcamientos. Convirtiendo el lugar probablemente en avenidas fantasmas tal como está sucediendo en la Avenida de Taco.

 

   En un momento que la sociedad canaria exige otras prioridades y no precisamente porque desconozcan tales circunstancias muchos vecinos se ven sujetos a justificar dichas obras por simple ignorancia al no pararse a analizar las abusivas tropelías; o, porque su comportamiento seguramente forma parte de un entramado clientelista de asociaciones vecinales, forzados a apoyar a aquellas propuestas que se les indique, como es el caso que nos atañe. Sólo así se explica, se pueda estar apoyando proyectos de manera insolidaria e injustificada, a sabiendas que en otros lugares del recorrido el tranvía ha creado más problemas que satisfacciones entre los cientos de comercios de reconocida tradición.

 

   Lo que a simple vista parece modernidad y pragmatismo, esconde intereses económicos foráneos que busca enriquecerse con plantillas de trabajadores reducidas y dejar en el paro a cientos de trabajadores de las guaguas de Titsa, que ofrece un servicio más cercano. Por esta razón, nuestra oposición tiene que ser de total rechazo al tranvía, no porque renunciemos al progreso del S. XXl. Nos obliga el mal uso de las nuevas tendencias en manos de caciques y políticos corruptos, cada vez más ricos y los trabajadores cada vez más pobres. Un escalón más para que el paro siga aumentando. Vean si no a las grandes superficies sustituyendo a las cajeras por máquinas automáticas. El Banco Santander cerrando cuatrocientas cincuenta oficinas. Las gasolineras: “sírvase usted mismo”. Cualquier papeleo lo tenemos que tramitar por nuestra propia cuenta. Nuestros alimentos vienen en cámaras frigoríficas desde China por empresarios sin escrúpulos y por la permisividad de nuestros políticos. Los maestros en un futuro, dando clase por internet a los domicilios de sus alumnos. Los funcionarios de ventanilla al paro. Y aquí no pasa nada. Eso sí, más pobreza y más alto índice de suicidios. ¿De qué manera se puede evitar que el 1% de la población del planeta posea la misma riqueza que el 99% restante?: ¡redistribuyendo equitativamente los salarios y compartiendo el trabajo! ¡Desenmascarando al colonialismo!

 

   Mientras tanto tenemos que encajar la arrogancia del Metropolitano, incapaz de atender propuestas solidarias para todas las partes. Eludiendo compartir espacio, y buscar soluciones. Ni una disculpa, ni una visita testimonial a los afectados, explicando las razones por las que no se pueden llevar a cabo algunas remodelaciones según nuestra percepción. Haber sugerido que desde el cruce de Taco hasta la llegada al túnel del Polvorín, sea operativa sólo una de las dos vías del tranvía y que fuera reversible en un tramo de sólo cien metros y así recuperar aparcamientos. Pues no. No están por la labor.

 

   Sepamos de una manera resumida algunos motivos por lo que no deberíamos apoyar al tranvía en zonas urbanas, y sí a favor de las guaguas como medio de transporte tradicional:

 

 1º Porque no apoyamos iniciativas caciquiles por muy originales que éstas lo sean.

 2º Porque ralentiza la circulación vial.

 3º Porque aumenta el desconcierto y el paro en el sector del transporte.

 4º Porque tiene precio abusivos.

 5º Porque entorpece el paso de las ambulancias.

 6º Porque empobrece al comercio tradicional canario en todo su recorrido

 7º Porque no encontrar aparcamientos, desplaza a los clientes a las grandes superficies.

 8º Porque descapitaliza a las islas y nos hace más dependientes.

 9º Porque a diferencia de las guaguas tienen un recorrido lineal y distante de los domicilios.

10º Porque hay otras prioridades más urgentes.

 

 

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