TRABAS ADMINISTRATIVAS

 

Padre Báez *

 

Amigos míos: hay y son tantas las trabas y tan complejas, que para aquel pobre que quiera volver al campo, a la agricultura o/y a la ganadería, lo tienen más que difícil; casi imposible. Y ello por las limitaciones y frenos mil, con tanta prohibición y tanta protección; y ello de tal gravedad y envergadura, que allá donde haya alguien que se arriesgue a tal aventura, está advocado a gravísimos riesgos, con lo que mejor no lleve a cabo ningún proyecto, pues va a salir ganando, y se librará así -al margen de papeleos- de multas y cárcel.

 

    Lo que precede se debe al ser y tener Tabaibal (antes Canarias), el mayor número de leyes referentes al suelo y tantas que impiden cualquier plan, porque la jurisprudencia al respecto es un rosario de dificultades, por no decir trabas o traspiés. Y, repito: tantas leyes y normas hacen imposible hacer nada; y si lo haces, seguro habrás incurrido en alguna ilegalidad.

 

    Y esta es la realidad: padecemos una inflación gravísima de regulación (legal y jurídica que aplasta e impide hacer absolutamente algo o nada). Es decir: ni cabildo, ni gobierno y menos los ajuntas, sirven para nada; solo para cerrar puertas. ¡Vaya, vaya usted, a pedir un permiso para algo!, Sí, por ejemplo una licencia para algo..., y: ¡qué va, no te solucionan el asunto! Te enmarañan, te vuelven loco, venga usted, vaya usted, traiga usted, lleve usted, usted, usted..., ¡lo marean! ¡Y eso es lo de menos! Es que, aburrido, lo dejas, porque ves venir la negativa y lo infructuoso, además de un tortuoso y larguísimo camino, que no desemboca en ningún lado, sino en esperar, y volver a empezar y a repetir, y... ¡Es que son tantas las normas, que te hacen imposible emprender nada, y ello después de un penosísimo calvario, casi interminable y que acaba en que no lo puedes hacer. Y punto.

 

    Y dicen, que van a estimular y a incentivar la vuelta a la agricultura (¡¡ja,ja,ja...!!). 

 

    La verdad es que el actual estado de cosas no es sino el reflejo de un sistema fracasado, que solo sirve para hundir y castigar. Solo se hace una sola cosa: legislar y legislar. Solo vivimos entre leyes (Gobierno de Madrid, gobierno de aquí, el doble gobierno [cabildo], el cuarto gobierno [los ajuntas], y ¡la cosa no acaba ahí! También está Europa, ¡y el mundo! Entre todos: nos aplastan, nos machacan, nos destrozan...

 

    Ya no se puede, como siempre se hizo, usar y trabajar la tierra -por más que seas el dueño, y la hayas heredado y los de tu raza las hayan cultivado desde la época de los guanches, ininterrumpidamente-, haciendo uso legítimo y divino, para obtener los recursos de subsistencia, como gestión de lo que es tuyo... Y así las cosas, todo está parado. ¿Y quién se atreve a mover una piedra o a dar un timbalazo, por si le cae encima la multitud de leyes, directrices, normativa, informes, expedientes, visitas, cartas, etc., etc.?

 

    ¡No señor, no señor!; de simplificar y de derogar algo, de eso, ¡nada! Pues así, ¿no vamos a seguir dependiendo del exterior?

 

    La burocracia nos asfixia y paraliza, y más que enfermedad, esta es la muerte del campo. Aquí nadie puede hacer lo más mínimo, y así: desaparece el sector primario, o lo que es lo mismo, agricultura y ganadería (¿sabía Ud., que si hay un barranquillo de por medio, que divide dos municipios, Ud. no puede pasar a pastar con su vaca de esta orilla a la otra, y si el animalito busca toro por mor de la procreación y multiplicación de la especie, impuesto por Dios, ¡tampoco!, sino que ha de pedir permiso a ambos municipios, y que para cuando llega el permiso, o se secó la hierba, o se le pasó la regla a la pobre vaca? Es uno de los más simples ejemplos, pero los hay de rechupete, y aquí no tengo tiempo para más. No te dejan tocar ni hacer nada, de nada. Y es que creen los mandamases que si se dejan hacer lo que cada uno quiera y siempre se hizo, esto sería una selva; como si así no hubiera sido desde el principio del mundo, y justo así nos ha llegado de bien lo que tenemos (que precisamente, con tanta legislación, se está echando todo a perder); pues, ¿hay alguien que mejor que el propio hombre del campo sepa lo que hay que hacer? Pues, desde las oficinas, y sin haber pisado nunca un cercado, quieren imponer leyes, normas, preceptos, mandatos, etc., contra natura o naturaleza.

 

    De esta manera, no se fomenta  el trabajo o el autoempleo, ni el mercado propio; no, ¡no se favorece! Se favorece el paro. Parece que no se beneficia al que busca trabajo y quiere trabajar. La tierra está esperando el sudor de los que la rieguen, pero se les impide y ponen dificultades, freno y trabas. Y dicen que van a incentivar y estimular la vuelta a la agricultura y a la ganadería, y resulta que no mueven ni un dedo para esa ayuda, sino todo o contrario.

 

    *  El Padre Báez, que muestra su sorpresa ante los que dicen ayudar al campo, y sí que lo ayudan: a enterrarlo más aún, si cabe, de lo que está.