Tenerife: el agua y las papas

«.» Wladimiro Rodríguez Brito *

 

[... Demandamos un nuevo marco legal que priorice agua para la población y para la agricultura...]

Cuesta entender cómo cada día somos más dependientes del exterior, ya que todos hablamos de la sostenibilidad, de la huella de carbono, de la diversidad de la agricultura como paisaje y como elemento de cohesión social, y de estabilidad ambiental, etc., etc.

Desde el punto de vista de la lectura de nuestro paisaje, las papas han sido una referencia desde los valles del norte de Lanzarote hasta Taibique en El Hierro. El territorio en el que cultivamos papas no ha tenido competencia con el suelo urbanizable, la competencia está en el agua. La isla que ha tenido la mayor superficie cultivada ha sido Tenerife, donde ha encontrado un duro cuello de botella en el sotavento, básicamente en los jables del sur, en Agache o Ifonche. En el norte de la isla, la mayoría del cultivo apenas lo regamos, en numerosas ocasiones con un par de riegos en mayo-junio se salva la cosecha.

Con respecto a las aguas del sotavento de Tenerife, los procesos de urbanización y la demanda de agua han sido decisivos en la crisis. Veamos: Tenerife ha cultivado más del 50 % de las papas de Canarias. Valga como referencia la exportación del año 1976/1977, cuando de las 44.000 Tm exportadas, por un valor superior a los 800 millones de pesetas, Tenerife había producido entre el 70 u 80%. En el año 2017, Canarias importó 60.000 Tm de papas de consumo, es decir, 30 kg por habitante, pasando Canarias de sembrar unas 15.000 Has a situarnos en algo menos de 5.000, ya que hemos pasado de importar 17.000 Tm de papas de semilla 1976/77 a solo 6.000 Tm el año 2017.

Papas y agua. Gran parte de los agricultores del sotavento de Tenerife alegan que el principal factor limitante es la carencia de agua. No olvidemos que producir un kilo de papas es similar al consumo de un turista al día (unos 300 litros), y el precio del agua es igual para el consumo humano que para la agricultura.

Ruptura entre agua y agricultura. En los últimos años, gran parte del agua ha pasado a ser controlada por 3 o 4 empresas urbanas, que compran el agua de las galerías, pozos o desaladoras, y abastecen a la población y al turismo. No tenemos comunidades de regantes, en la gestión del agua para la agricultura el interés de los nuevos gestores del agua no está en el campo.

Veamos algunos aspectos del mercado:

Los precios que cobran las comunidades de agua por una pipa oscilan entre los 0,17 ? de la galería de Vergara y los 0,46 ? por pipa desalada en Las Galletas. Hay otros precios de agua desalada, en torno a los 0,30 ?.

Como vemos, a los nuevos gestores del agua no les interesa la desalada, ya que obtienen más barata la de galerías y pozos.

El mercado no regula. El agua no es una mercancía, es un bien básico para todos, es por esto que la gestión de las galerías, pozos y canales debe cuidarse, es preciso poner recursos públicos, participando con los comuneros para la optimización de este elemento vital. También es necesario que los ayuntamientos y áreas turísticas utilicen agua desalada en sus zonas medias y bajas (esto es, cotas inferiores a los 350 s.n.m.), dejando los aportes hídricos de las zonas medias y altas para el regadío.

El autoabastecernos de papas u otras hortalizas está en nuestras manos, con otra política hídrica que tenga un mayor compromiso con la relación agua y agricultura.

El mercado no regula, todo lo contrario. Y lo que es peor, construimos las desaladoras con dinero público, lo que distorsiona los precios del agua tanto en el plano urbano como en las comunidades de galerías y pozos, que en muchos casos acaban descapitalizadas, como de hecho ocurre con los canales construidos hace 70 años, cuando el agua tenía como finalidad el riego. Hoy el uso urbano requiere en muchos casos de tubos cerrados y los anteriores han quedado en la ruina.

Demandamos un nuevo marco legal que priorice agua para la población y para la agricultura, que optimice las desaladoras, usándolas como herramienta complementaria de la agricultura y el medioambiente. Y no digamos lo que se podría hacer con la depuración de las aguas urbanas y su aprovechamiento para el agro. Es urgente otra política hidráulica.

Las importaciones de papas del año 2017 no solo ponen de manifiesto nuestra dependencia del exterior en un producto básico que podemos generar nosotros, también son expresivos los costes, más de 26 millones de euros, sino que olvidamos que suponen también varios miles de puestos de trabajo. Puestos que de generarse en nuestras islas jugarían un papel positivo, ya que la población en el medio rural es la principal cuidadora ambiental y gestor de nuestro medio.

El agua en el campo es mucho más que un bien de comercio. Necesitamos vincular el agua a la tierra, tanto en el plano social como en el ambiental.

*Doctor en Geografía por la Universidad de La Laguna

 wladimirorodiguezbrito.blogspot.com.es

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