¿La Reforma de Estatuto de Canarias

o de San Pedro y Miguelón? (I)

«.» Chema Hernández Aguiar

El Estatuto, un océano de mentiras

Las Islas de San Pedro y Miguelón se encuentran, como Canarias, en el Atlántico, también las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur, Islas Sándwich de Sur o Santo Tomé y Príncipe.

Tras la penosa lectura de la reforma del Estatuto de Canarias he remitido exprés y urgente a todos los Archipiélagos que comparten océano con Canarias un email que contiene el artículo 1, para que, a partir de ahora, se definan como Archipiélago Atlántico, por tanto, desde este momento son Atlánticos pues debe ser que lo eran, pero no lo sabían, eso sí, con paciencia e imaginación espero que llenen de contenido dicha definición, una vez señalada la ubicación geográfica, añadan lo que parezca que nos asemeja unos a otros en una especie de mística atlántica de un Océano que, según sus inspiradores nos coloca en las costas americanas y nos aleja de las africanas, sin embargo aún estoy por saber en qué consiste, además de los consabidos cuatro lugares comunes que servirían también tanto para un roto como descocido, para cualquier mar u océano, para cualquier cultura de costa.

También, de paso, el texto de la reforma del estatuto espero que ayude a las múltiples culturas que integran el continente americano y que son bañadas por el Atlántico, que curiosamente han estado y están en esa reflexión aún no cerrada sobre las culturas nacionales en las américas, seguramente los talentosos redactores lo han resuelto de un plumazo.

Ironías aparte, pienso que sólo a una inteligencia ingenua, negadora de nuestra realidad o con necesidad de afecto de la metrópoli se le puede ocurrir tremendo artilugio hueco, más propio de los abigarrados enfoques críticos eurocéntricos.

En definitiva, todo para evitar el término colonia que es lo que realmente nos asemeja, al igual que el hecho de ser colonizados por la misma potencia colonizadora, Castilla, también Portugal en otras regiones, todo ello conforma algunos rasgos comunes, que se reducen al hecho incuestionable de habernos relacionados siendo dependientes, objetos de colonización por la misma metrópoli, al tiempo que reprimidas, ocultadas y expoliadas las culturas originarias, compartiendo  hambre, la miseria, esclavitud y extracción permanente de las riquezas propias.

Y todo ese discurso cursi para no vindicar el carácter de nación que, sin duda, somos y sustituirlo por el termino nacionalidad, otro eufemismo del que se dotó la constitución española para ocultar las realidades nacionales, término sin correspondencia alguna Internacional, salvo la de originario de un Estado Nación. Lo de nacionalidad a un territorio que pertenece a un Estado es un “Made in España” irrisorio.

Archipiélago Atlántico es un eufemismo de cobardes y sumisos que esconden detrás de la cortina el término Nación, una definición que, en vez de aportar luz, oscurece las mentes y confunde las conciencias.

Archipiélago Atlántico es la mejor manera de no definirse en sí y para sí, la búsqueda exógena de la identidad, cuyo objetivo es mantener en una nebulosa la identidad del Archipiélago Canario.

La atlanticidad tiene su par, su complementario en Región Ultraperiférica, otro eufemismo para denominar a las colonias europeas, vestigios de la época colonial, aún viva en algunas realidades y territorios.

Preámbulo: “Se adaptaron con rapidez asimilando cultura y religión”

Repito es nauseabundo este Estatuto, ya que la Historia, Cultura, Sociedad, Antropología, Economía de  Canarias acumulan a estas alturas tal dimensión de trabajos e investigaciones. El grotesco preámbulo, como el articulo 1, evidencian la mediocridad de este estatuto, la brutal tutela española de la dirigencia política canaria, su carácter de administradores de la colonia, su falta de ambición  que se recoge en todo el texto y en su articulado y una única determinación proteger los intereses de los menos de Canarias que son los que sacan provecho del hecho colonial y el ansia de borrar cualquier atisbo o posibilidad de descolonización, al tiempo que garantizar la pertenencia a España unas decenas de años más hasta que se diluya cualquier rasgos de identidad.

La lectura de su articulado consolida la ausencia de competencias en los ámbitos propios de una construcción de unos mínimos de andamiaje  nacional.

Sin competencias en los mares, en puertos y aeropuertos, en inmigración, en la fiscalidad en su conjunto, en materia de seguridad social, de costas, de servicios fitosanitarios, las fórmulas que más abunda en el texto son las siguientes expresiones:

“en materia de …. sin perjuicio de las competencias constitucionalmente atribuidas al Estado sobre la materia” o “en los términos que se establezca mediante convenio o acuerdo con el Estado”.

Pero volvamos al Preámbulo, pues explica el contenido y el enfoque normativo del texto de la reforma del estatuto. Prepare los jugos gástricos. Dice así:

 “El reconocimiento que la Constitución de 1978 realiza del Estado de las Autonomías en España viene a suponer para Canarias el respaldo constitucional de sus peculiaridades económicas, políticas y administrativas acumuladas desde su incorporación a la Corona de Castilla al señalar sus singularidades de su orden político y de su régimen económico. Es, por tanto, una respuesta a una realidad isleña que se ha forjado a lo largo de siglos.

Como consecuencia de su incorporación a la Corona de Castilla, Canarias experimentó una profunda transformación en sus estructuras económicas, políticas y sociales a la que los isleños se adaptaron con rapidez asimilando su cultura y su religión.”

El preámbulo, siendo moderados en el juicio, es la exaltación más indigna de la colonización, la aceptación más miserable del hecho colonial, estas líneas nos la hubiese escrito ni un Fraile evangelizador ya que hubiese tenido  algún sentido de la vergüenza, aunque quién sabe, algún fraile hay en esa cámara que jamás llegará a prior de tanto temor a Dios  y a los castellanos.

Este fragmento resuma  falsedad histórica y engaño a sabiendas,.

Canarias entró por la vía lenta del estado de las autonomías, con el mayor de los desprecios, y además sin que en ningún momento se consultara a los canarios. El reconocimiento de la Constitución de 1977 sobre lo que denominan peculiaridades, está todavía hoy  por concretar y ha gozado hasta el momento de absoluta discrecionalidad, además de ser una herramienta para contentar a una minoría colaboracionista con la metrópoli, sin una afectación relevante sobre la vida diaria de los canarios, un mecanismo de soborno.   

Pero el éxtasis del asimilado es la expresión, además se les escapa la forma verbal: “se adaptaron con rapidez asimilando cultura y religión” . Qué buenos cristianos, qué listos los canarios. Es patético, además de un cuento de hadas. Donde dice adaptación convendría utilizar represión, conversión religiosa a través de la violencia, programa sistemático de liquidación de la cultura, tradiciones, lengua de un pueblo. En una sola frase no se podía contener mejor la Gran Mentira, la historia contada por el conquistador sin el más mínimo escrúpulo y sin el menor respeto a la objetividad histórica.

En África, a 15 de septiembre del año del colapso

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