El problema de nuestra nación canaria no es la falta de independencia, es el independentismo


Isidro Santana León


Resulta paradójico o incongruente que esto venga de una persona como yo, ¿verdad? Pues bien, tengo mis hipótesis, también argumentos y mis años en esta jaula de grillos, para analizar y desvelar que el independentismo canario es una intrapolicía que le ahorra a los servicios secretos españoles una buena parte del presupuesto destinado al Ministerio del Interior para estos menesteres “secesionistas”. Es una ignominia y un estigma ver en los grupos de facebook y en algunos periódicos digitales con orientación soberanista, la forma soez y despectiva con que se trata a las personas que tienen un criterio o una forma determinada de ver o defender el procedimiento para llegar a la soberanía nacional, y la censura que se les aplica cuando sus argumentos son difíciles de replicar con razonamientos políticos.

 

Tanto quejarse del colonialismo español, de sus sucias maniobras, de la manipulación que ejercita sobre la inconciencia de nuestro pueblo…, y resulta que, algunos de estos llamados “independentistas” expulsan de sus grupos digitales a los sectores críticos –alas sanas e imprescindibles para que no se vicien y corrompan las organizaciones– o a compatriotas que quieren tirar para adelante con proyectos realizables, que no sólo boicotean por precepto de algunos iluminados que quieren seguir manteniendo su pulpito privado, sino que arremeten contra ellos acusándolos de infiltrados o de trabajar para los servicios secretos, mandándoles virus a sus ordenadores o conspirando a lo oscuro, como las cucas (nombre que les he puesto hace ya algún tiempo), denunciando como spam a los que no se pliegan a su dictadura –encima algunos se autodenominan de izquierda–, los mismos que no han hecho otra cosa que reventar cualquier proyecto aglutinador independentista y practicable. Igual que otros compañeros íntegros, yo participé en la Mesa por la Descolonización e Independencia de Canarias –en Tamarant– trabajo que logró sacar a la calle a 4000 personas pidiendo la independencia, proyecto cohesionador que antes de nacer ya lo estaban matando algunos desde dentro –en su momento daré nombres y apellidos– porque querían seguir manteniendo sus grupúsculos y sus afanes de notoriedad por encima de la solución de nuestra nación, y otras sectas que utilizaron y se aprovecharon de la Mesa para hacerse propaganda en los medios con el fin de presentarse a las elecciones coloniales (dentro de este grupúsculo hay también quienes han metido la mano en la lata del gofio y que habría que nombrar, sobre todo los que participaron en ese proyecto y se han callado).

 

¡Qué fácil es acusar a CC o a los gobiernos coloniales de colaboracionistas y demás! –yo lo he hecho y lo seguiré haciendo. No obstante, ahora les pregunto al cuquerío: ¿qué organización política independentista existe con capacidad para presionar al gobierno de Canarias y que éste, irremediablemente, se confronte con la metrópoli? ¡Ninguna! ¿Y saben por qué?: porque a esos que juegan al independentismo no les interesa la independencia de Canarias, ya que viven muy bien con el sistema colonialista; porque su misión es justificar a la metrópoli como democrática, `dado que deja expresar y pulular al estéril independentismo canario, eso sí, siempre que no se salgan de la frontera que les han marcado: que mantengan y auspicien el enfrentamiento, la desorganización y la descohesión, esa es la intrapolicía. No hace mucho, entré en una discusión política en un grupo de facebook –cosa que no me gusta– que terminó con acusaciones hacia mi persona, y cuyo coordinador, amigo de mi antagonista dialéctico, manipuló el debate, borrando y dejando lo que le convenía. Todo empezó porque un supuesto independentista, que salió de las catapultas después de 35 años de anacoretismo, reprueba a todo aquel que no le quiera llevar un paquete de macarrones al, según él, depauperado barrio del Lasso, argumentando la solidaridad para con los nuestros. Mi parecer en la discusión es que lo que se está produciendo no es una campaña de solidaridad sino de caridad, porque si el sistema te roba los derechos más humanos y fundamentales hay que contraatacar con el barrio entero, robando la comida, entrando por la fuerza en la superficie comercial más próxima. La repuesta de mi interlocutor es que están mandando a los niños a robar la comida porque si van sus padres los meten en la cárcel. El asunto se recrudece cuando le digo: “¡Qué bonito!, la cobardía de este pueblo es tan grande que se escudan detrás de las mujeres y los niños, en los asuntos vitales para la dignificación, mientras los machos, muchos de ellos con cuerpos esculturales, se quedan en casa viendo el partido mientras su familia va a buscar la limosna” No, amigo “independentista”, eso es demagogia, a un pueblo descerebrado no se le conciencia con un lenitivo para las tripas, sino despertándole de la modorra con acciones contra la tiranía. El barrio del Lasso, igual que la mayoría de los barrios humildes de la capital, después de que políticos y no, rompieran el campo independentista canario hace ya muchos años, votan mayoritariamente a partidos fascistas como el PP, PSOE y CC –lo del PP en las últimas fue asqueroso– y quien siembra su miedo y su comodidad que recoja su miseria.

 

Me duele lo que voy a escribir a continuación, porque es mi pueblo, pero no me lo puedo callar: a los canarios no sólo hay que matarlos de hambre sino además pegarle con un látigo, pues parece que le gusta el sadomasoquismo y hasta que lo necesita. Al filántropo que ha superado la bonhomía de Jesús de Nazaret, le emplazo, a él y a todos esos independentistas, detrás de su pc, no a practicar la mendicidad, sino a emprender una campaña de agitación violenta (la violencia del pueblo es una defensa legítima ante la violencia del poder), y empujar a este pueblo a que no limosnee sino exija. Verás cuántos están dispuestos, altruísimo amigo. Como anécdota voy a relatar una experiencia que me ha servido para desengañarme de tantas cosas. Cuando las expropiaciones en Guanarteme, muchos de los vecinos no me miraban bien por el hecho de ser independentista y por quemar banderas españolas en la Plaza del Pilar –no escondido en los barrancos como se ufanan algunos de hacerlo– acercándose a mí, casual e inesperadamente, brindándome apoyo y hasta aclamándome, después de que un grupo de compañeros independentistas y yo –mi casa fue la sede de operaciones de todo lo que se llevó a cabo –hasta la gran pintada en la montaña del Filo Cuchillo, “Guanarteme y Chile no se expropia”– nos opusiéramos con acciones de agitación y violencia contra la especulación que llevaban a cabo el gobierno municipal del PSOE, con la complicidad del resto de los sectores políticos de todas las administraciones y la financiación de los grupos de presión que demandaban el suelo propiedad de los vecinos, porque comprendieron que la componenda y la corrupción política de quienes les gobernaban iban descaradamente en contra de sus intereses y a favor de constructoras y demás especuladores. Después de años de lucha contra este sistema podrido, perdían fuerza los poderes fácticos, por la perseverancia e intensificación de la lucha y la participación asamblearia de los vecinos, motivo que obligó a los corruptos a compensar las expropiaciones que pudieron, a un precio razonable, y los otros, que escaparon de la expropiación, vendieron en condiciones de fuerza equilibrada. Resultado, en las siguientes elecciones castigaron al PSOE, pero no porque aprendieran que la opción para defender sus intereses fuera la independencia de Canarias, ni porque hayan sido independentistas los que defendieron sus derechos, sino poniendo en el poder a otros tiranos que les despojaban de sus casas desde la oposición, como fue el PP, al que le votaron mayoritariamente.


Amigo filántropo: ni arroz, ni macarrones ni garbanzos, látigo y miseria. Ya lo dijeron los invasores españoles cuando se metieron en Canarias: “pueblo servil, obedece a tu amo” y entre ese pueblo servil se encuentra el llamado independentismo o mejor intrapolicía.

 

28-01-2013

 

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