El "lobby" proespañol

 

Ramón Moreno Castilla

[Aquí, dada la cantidad de población foránea que nos invade, y que pasa por residentes canarios, no necesitamos un referéndum de autodeterminación, que sería adulterado, sino que España nos restituya la libertad que le arrebató cruelmente a nuestros antepasados.]

Para cualquier analista riguroso e independiente que se precie, sea cual sea su credo o ideología política, que haya nacido y viva en Canarias, y que ¡ame a esta tierra por encima de todo!, existe un hecho evidente que condiciona el devenir de este pueblo, y que no se puede ocultar, por muchos subterfugios lingüísticos y eufemismos al uso que utilicen políticos y medios de comunicación afines, que sirven de correa de transmisión del depredador colonialismo español que nos aqueja. Se trata de un auténtico y poderoso "lobby" proespañol, omnipresente en todos los estamentos de la sociedad canaria que, por un lado, impone con su presencia intimidatoria y coactiva el actual statu quo (los tres Ejércitos, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con sus correspondientes servicios de inteligencia, así como la Justicia, con mayoría de jueces y fiscales españoles); y por otro, los partidos políticos nacionalistas españoles (las franquicias del PP y el PSOE), y los pseudonacionalistas (CC, NC y demás), y numerosas instituciones de variada y diversa naturaleza (que sería prolijo enumerar), que son los colaboradores necesarios para mantener sine die la impuesta y artificiosa "españolidad de Canarias".

O sea, esa España, una vieja y rancia nación europea, decrépita y decadente, con muy poca credibilidad, sumida en una impresionante crisis económica, sigue manteniendo a toda costa un enclave en África; situación, contraria y opuesta a la legalidad internacional, que España conculca sistemáticamente como un deleznable Estado forajido, al margen de la ley. Y cuando en la metrópoli, una "democrática" partitocracia donde predomina un feroz bipartidismo, la política está judicializada y la justicia politizada (con la aberración de organizaciones de jueces conservadores y progresistas), y donde no existe una efectiva separación de poderes, como mandan los cánones de un auténtico y fiable Estado de derecho, en Canarias las extensiones españolas del poder legislativo, ejecutivo y judicial están perfectamente unidos y cohesionados actuando al unísono para mantener la finca y seguirla explotando.

Lo más grave y denigrante de esta situación es que el pueblo canario, que parece masoquista, está resignado a su suerte y prefiere seguir siendo una eufemística "comunidad autónoma" del Estado español, y una colonial región ultraperiférica (RUP) europea, colocada en un minúsculo recuadro en un extremo del mapa oficial de Europa, junto a los territorios DUM franceses. Y de ese intolerable oprobio y escarnio a esta tierra se sienten orgullosos todo ese lumpen político y muchos canarios sin personalidad ni autoestima; encabezados por el inepto ese de Paulino Rivero, el político más nefasto y entreguista que ha dado Canarias.

Pero a pesar de todo, la realidad es incontestable y la geografía implacable: Canarias es un caduco e inconsistente "territorio nacional europeo" en otro continente; una enorme contradicción que, además, la legalidad internacional ya no contempla ni ampara en pleno siglo XXI. Con un pueblo que no decide por sí mismo, aculturizado y mediatizado, sin referentes y sin otros valores que vivir bien, al precio que sea, y conseguir dinero fácil, como sea.

Por ello, conviene recordar que el Derecho Internacional (que está por encima y tiene primacía sobre el Derecho interno de los Estados y organismos supranacionales como la UE) nos ampara a los patriotas canarios. En el proceso de emancipación de los pueblos, sobre todo en África -que dio lugar a la Resolución 1514 XV de la ONU- la "modalidad" imperante, hasta la fecha, de "propiedad" de territorios sufrió un duro revés. En efecto, al decimonónico y proscrito criterio de "soberanía política" se le opuso el principio emergente de "localización geográfica", al cual es inherente el binomio población y territorio, consustancial con el nuevo criterio de independencia política puesto de manifiesto al finalizar la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la descolonización de Canarias es un caso singular. Aquí, dada la cantidad de población foránea que nos invade, y que pasa por residentes canarios, no necesitamos un referéndum de autodeterminación, que sería adulterado, sino que España nos restituya la libertad que le arrebató cruelmente a nuestros antepasados. ¿Quién no está de acuerdo?

rmorenocastilla@hotmail.com

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