El Hierro, la isla de los mil cráteres

 

Juan Jesús Ayala

José P. Machín, eterno andariego de la isla y que conocía hasta el más escondido rincón, decía que El Hierro tenía mil cráteres y que todo era previsible en un isla nueva dentro del contexto telúrico de la formación del archipiélago. Por eso no es de extrañar que el fenómeno sismológico de estos días vaya en consonancia con su naturaleza y sus expectativas como isla en una renovación geológica permanente.

Que sea en la zona de Las Calmas donde esté el epicentro no deja de ser una paradoja, precisamente porque allí el mar está tan quieto que es "un lago dormido en el Atlántico" y que de buenas a primeras se vea dispuesto a encabritarse y su serenidad de siglos se perturbe por la fuerza de la naturaleza en íntimo maridaje con la evolución de la isla. Desde Los Concheros y desde el Tagoror del Julán se contemplará lo que muchas veces, seguro, los antiguos pobladores de la isla, los bimbaches, contemplaron y, tal vez, sufrieron ante la perplejidad de un fenómeno al que no pudieron dar explicación alguna.

No es que la historia se vaya a repetir, pero sí es una simbología enmarcada de la isla que muchas veces se echa en el olvido como si se produjeran cosas que no tendrían por qué, dado que pertenecían a otro tiempo. Y no es así. El vendaval que tiró el Garoé, la revoltura que se produjo en el valle de El Golfo, no es ni más ni menos que producto de esa memoria telúrica enmarcada en esos mil cráteres que nos sitúan en la desesperación geológica que tiene la isla para hacerse mayor, para dejar sentado con firmeza que vive, que es una isla que desde dentro de lo más íntimo de sus entrañas se quiere hacer mayor.

Esperemos que todo vaya sucediendo con la mayor tranquilidad, que el fenómeno sea favorecedor de nuevas esperanzas para El Hierro, que su paisaje se enriquezca con una nueva dimensión y que avance un paso de gigante en el concurso del archipiélago.

La isla espera sentirse con toda la pujanza que da una historia de violencia latente y que ahora, en su momento, está pidiendo paso para que todo ese magma se vea favorecido y que quede en un espectáculo que deslumbre y que nos ponga en la pista de un mejor relanzamiento de la isla.

La naturaleza, su exquisitez, es nuestro mejor patrimonio, y si en la isla este se enriquece sin violencias, con la debida tranquilidad, estaremos en una nueva aventura plena de satisfacción y de entusiasmo. Los mil cráteres de la isla pudieran verse aumentados en uno más que desde Las Calmas marque nuevas rutas y aconteceres que den progreso y bienestar a la isla

Seguramente, nuestro recordado José P. Machín estaría lleno de contento y con máxima expectación ante este acontecimiento.