¿Inmigración o invasión?

 

Isidro Santana León * 

[...Una nación sometida al dominio colonialista nunca se puede desarrollar, sino usar como territorio de rapiña y especulación, pues, dejar desarrollar a Canarias supone que su pueblo logre cotas de formación, autoestima y conocimiento, asunto que haría peligrar los intereses de los saqueadores, ya que los canarios pondrían como objetivo fundamental e inapelable la soberanía nacional e independencia política...]

¡Canarias no soporta más carga demográfica exógena!

Es insostenible, en un archipiélago de 7.400 Km², aguantar la presión de 2.207.225 habitantes –entre nativos y foráneos– sin contabilizar los no empadronados de América Latina y otros lugares del mundo, además de los 16.000.000 de turistas que llegan anualmente.

Esto es una barbaridad, un dislate, en un territorio frágil y fragmentado sobre el que se construye ingente cantidad de infraestructuras para dar respuesta al negocio turístico e inmobiliario (especulativo), con el grave deterioro que supone sobre nuestro medio, nuestra cultura y la identidad del pueblo canario.

La invasión que se ha propiciado en Canarias ha sido dantesca, con una población en 1982 de 1.397.709 personas –en su mayoría nativos–, situándonos en 2019 con una densidad demográfica de 2. 350.000, lo que ha supuesto un incremento de 952.291. (En datos comparativos, sólo la invasión ha supuesto el doble de la población de la Provincia de León, con 15. 581 Km²;  igual de habitantes que la provincia de Zaragoza, con 17. 225 Km²;  cinco veces más que la población de Burgos, con 14.022 Km², por citar algunos lugares).

Según las recomendaciones de la ONU, para una buena calidad de vida, estabilidad social y económica, cada país debería tener sobre unos 50 habitantes por Km². España cuenta con una densidad demográfica de 93 habitantes por Km², mientras la densidad de Canarias es de 317 habitantes por Km².

Hay archipiélagos e islas que cuentan con leyes del control de la residencia, como Islas Feroe, Isla de Man… y nadie se escandaliza. Sin embargo, aquí en Canarias, en esta inveterada colonia de España, se nos hace imperiosa una ley del control de la residencia ya que, como hemos podido ver, el territorio no aguanta más carga demográfica. No obstante, los que somos conscientes de ello y la exigimos por hechos objetivos y de mejora para nuestro pueblo, nos encontramos con la antagonía y los intereses de grupos políticos, personas indocumentadas y colonos que consideran inhumana nuestra exigencia, al creer que todo el mundo cabe en una caja de zapatos y por ello nos llaman xenófobos. Si, los progres y españolistas imponen que aquí puede entrar todo el mundo, con la problemática de paro y marginalidad que padecemos la mayoría del pueblo canario, ya convertida la situación en un problema endémico; observando que a los progres de escaparate les importa muy poco el bienestar y la legitimidad del pueblo canario a seguir manteniendo sus costumbres, legado e identidad, aduciendo, los innovatio, que todos somos ciudadanos del mundo aunque éstos se deben a su burbuja política, partidista, difusionista trascendental y clientelar, sin comprender mi sesera dónde les deja la correspondencia el cartero.

Hay una pedante excusa que, interesadamente, se expresa en contra de nuestra lucha por la pervivencia como pueblo y de nuestra cultura, como es locutar que los canarios también fuimos emigrantes. En efecto, los canarios nos vimos forzados al éxodo en condiciones infrahumanas, todo porque el caciquismo colonial (a la sazón estos feudalistas Regidores del sistema político colonialista, quienes se apropiaron de las tierras de nuestros ancestros y se las legaron o vendieron entre ellos) propiciaba la huida de parte de nuestro pueblo, dadas las condiciones de pauperismo a que se le sometía y aún somete. Desconocen que mucha de esa emigración también fue forzosa a través de los Tributos de Sangre (para que los caciques de la colonia pudieran exportar a Las Indias, le exigían, desde la metrópoli, que enviaran cinco familias canarias por cada cien toneladas de género, todo con el fin de colocarlos como ocupas para España apropiarse de territorios que se disputaban con Inglaterra, Portugal, Francia… Pero hay una situación asimétrica que no se menciona (como decimos en Gran Canaria “no se puede meter la Catedral por San Telmo”), pues, no es lo mismo emigrar a grandes zonas donde demandaban mano de obra, que meter la población de esos grandes países en unas Islas con una superficie ínfima y unas condiciones precarias de sus autóctonos. Las últimas emigraciones canarias fueron a países soberanos, con altos niveles de vida, como fue Venezuela, Suecia y otros de Europa.

Es de reseñar que, en esta colonia, todo está planificado estructuralmente para que aparente una homogeneidad –de agua y aceite– entre los colonos y los nativos, usando como medios de inoculación la enseñanza, las radios, televisiones, prensa… y todo un subvencionado exhibicionismo cultural de fuera, tanto como los asentamiento de modas y costumbres foráneas hábilmente introducido para que los canarios asimilemos lo exógeno, mientras que los forasteros no se integran en nuestra cultura: esto se llama etnocidio.

Es consciente la metrópoli y sus esbirros de la colonia, que la mayoría de los canarios están en desempleo, pobreza y marginalidad, durmiendo en recovecos sobre cartones, y no hay pretexto para esta realidad: no han dotado a Canarias ni a los canarios de medios para el desarrollo individual y colectivo, pues, optan por tenerlos en el subdesarrollo y la ignorancia para poder usurparle sus derechos naturales y humanos.

Una nación sometida al dominio colonialista nunca se puede desarrollar, sino usar como territorio de rapiña y especulación, pues, dejar desarrollar a Canarias supone que su pueblo logre cotas de formación, autoestima y conocimiento, asunto que haría peligrar los intereses de los saqueadores, ya que los canarios pondrían como objetivo fundamental e inapelable la soberanía nacional e independencia política.

En lo que a derechos sociales se refiere, existen miles de canarios esperando durante décadas por una vivienda digna –además de los tantos que han muerto esperando por ella–, acudiendo  mendicantes a por ayudas para alimentación u otras, aunque privilegios se los dan antes a los foráneos que a los canarios. Ahí juegan su rol las ONG, que están subvencionadas por los gobiernos, y otras asociaciones “humanitarias” que son sus correas de transmisión, dándoles información privilegiada, acogimiento y resolviendo todos los problemas de los foráneos, mientras los canarios quedan mirando para el cielo sin comprender cómo, dónde y por qué los forasteros tienen más cobertura que ellos… ¿Saben cómo se llama esto?: segregación racial.

Sí, a los canarios que exigimos nuestros derechos nos llaman xenófobos y a los conformistas, muertos de hambre, y colaboradores de su propia esclavitud les llaman hospitalarios y tolerantes. Así es: en las escuelas y demás centros de adiestramiento te deforman la realidad y transforman la psique, machacando, incesante, que los canarios somos un pueblo hospitalario, abierto, tolerante… cuando en realidad lo que te están inoculando es que seas sumiso, indolente, aquiescente y servil con la bota tiránica que te pisa.

No, los canarios no somos xenófobos –ni los independentistas–: es el sistema colonialista español y sus esbirros ultraperiféricos los que durante centurias ejercen la supremacía racial con el pueblo canario. Visto el panorama, ni una ley de residencia soluciona esta abyecta situación colonial. Sólo la descolonización e Independencia de Canarias nos puede librar de esta subyugación. He dicho en muchas ocasiones que a veces la independencia se logra por cuestiones coyunturales. Espero y deseo que Marruecos continúe con su delimitación de las aguas a ver si este pueblo se da cuenta de que España no es nuestro protector, sino nuestra proxeneta y así vamos juntos, de una vez por toda, a por la independencia y soberanía que es nuestro estado natural.

 

     22/01/20

* Isidro Santana León: novelista, poeta y cantaautor.

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