La Independencia de Canarias

 

 

Félix Román N. Rodríguez *

 

Mi defensa del independentismo no está basada en la identidad. No tengo ningún problema en ese sentido. Esta es la situación de una gran parte de los canarios que tenemos una identidad nacional  (y no es lo mismo que el sentimiento de terruño), que consideramos que Canarias es un país y España una construcción plurinacional que también genera una identidad nacional.

No quiero entrar en algunos juegos de falacias que desde fuera de Canarias se dibujan, que los independentistas de nuevo cuño somos víctimas de la manipulación, que los países tienden a unirse y no a generar fronteras (cuando en los últimos 30 años lo que ha habido es un nacimiento de nuevos estados), que la UE es la UE sin fronteras (cuando es una unión de estados-nación)…, definitivamente no pienso entrar en algunos debates en esta entrada.

En Canarias hemos construido una sociedad plena y en la que se entremezclan dos identidades nacionales de forma mestiza, y sin problemas relevantes de convivencia… Y esta identidad nacional canaria no es el apego al terruño o un regionalismo. Son identidades nacionales claras, de país.

En Canarias ese equilibrio social y esa posibilidad de vivir en paz, con trabajo y esfuerzo que no generan una sociedad fracturada, son un logro de una sociedad como la nuestra, un equilibrio en el que sistemáticamente las leyes, los políticos, e instituciones canarias han estado cuestionando en los últimos años.

Esa amenaza sólo se podría conjurar con un sistema confederal donde Canarias tuviera unos ámbitos de soberanía incuestionables y tan sólo una serie de competencias compartidas deberían tratarse en común con el resto del estado. Al estilo de la Unión Europea. El problema radica en que España no puede constituirse como federación (los ciudadanos españoles y los políticos no lo desean, y la Constitución Española y las lecturas que se hacen de forma sistemática lo impiden), menos aún una forma confederalista. De ahí que la opción de la independencia parezca ser la única forma que garantiza que los equilibrios inclusivos que nos ha permitido mantener esta anomalía política e histórica sigan existiendo.

 

Por otro lado, la política en Canarias goza de algunos problemas propios, pero que también son virtudes. Tenemos  pluralismo político, hay muchos partidos en el ámbito canario. Y ese pluralismo político no es sólo una cuestión de partidos, los movimientos sociales en Canarias  son y han sido históricamente más fuertes que los movimientos sociales a nivel de estado.

 

La sociedad canaria es una sociedad movilizada, organizada, con un tejido social muy activo, Canarias tiene un código propio de lucha que refleja ese pluralismo.

Evidentemente tenemos nuestros corruptos, nuestros Millets, nuestros alcaldes corruptos, nuestros casos que afectan al entorno incluso del Presidente y nuestros chanchullos, pero cuando se comparan con algunas redes clientelares que son endémicas en algunas administraciones, a la corrupción que está en el tuétano de uno de los dos partidos políticos más importantes del reino de España, la cosa palidece. En una Canarias independiente tendremos redes clientelares, corruptos y élites que intentarán ejercer presión e influencia sobre el poder político, quien querrá conseguir su monopolio, su ley que le favorezca, pero el mayor pluralismo, la mayor organización social y la mayor competencia electoral dificultará algo más estas tramas extractivas.

 

Por último, la estructura de financiación autonómica responde más a criterios políticos que de racionalidad económica. Esto hace que se creen redes clientelares que perjudican la economía de los ciudadanos. Los grandes partidos españoles tienen pocos incentivos para cambiarlo ya que el sistema alimenta a sus principales graneros de votos (Andalucía en el caso del PSOE, sendas Castillas en el caso del PP), o a territorios que dentro de los equilibrios de poder interno de los grandes partidos tienen de por sí una gran importancia (Extremadura, Asturias). Canarias  es una de las piezas claves para sostener e impulsar este sistema clientelar. Es el principal motor de evolución autonómico y todo paso en la descentralización política que se consiga generará un paso mayor a profundizar en un sistema autonómico clientelar: más competencias y más arbitrariedad para el reparto de dinero para gestionarlas genera más clientelismos internos en la élite de ambos partidos, y por otro lado es un motor económico que permite mantener el reparto clientelar de riqueza entre autonomías. Esto perjudica incluso a los ciudadanos de las autonomías clientelares que no estén vinculados a las élites locales. Las autonomías tienen pocos incentivos para generar instituciones políticas inclusivas y que favorezcan instituciones económicas inclusivas porqué la inyección de recursos externa permite sostener las redes clientelares. Aunque no todas las instituciones políticas autonómicas españolas son clientelares y extractivas y las instituciones españolas no son del todo extractivas, sí que el impulso autonómico y su financiación fiscal ha hecho que España genere instituciones menos inclusivas y más clientelares. La solución puede pasar por reformar el sistema fiscal autonómico y hacer que las autonomías recauden sus propios impuestos, hagan sus gastos y pasen a un fondo común una parte que permita equilibrios territoriales, además de financiar los gastos generales del estado. Pero todo eso no está en la agenda de los políticos españoles, ni siquiera cuando los catalanes están amenazando seriamente con irse. Por tanto temo que para dejar de alimentar esta red clientelar es mejor que Canarias sea un estado independiente.

Estos son tres motivos que no tienen que ver con la identidad nacional.

* Contertulio de la emisora La Voz de Rusia en  Canarias

 

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