El almendrero de Nicolás

Baños de sangre

 

 Paco Déniz

 

Los yankis andan preocupados por si acaso se produce un baño de sangre en algún país árabe. ¿Qué te parece? Andan preocupadísimos por si le pasa algo a algún manifestante moro. Si eso ocurriera, y dado que son los adalides de la libertad, no tendrían otro remedio que intervenir, ellos, los yankis, no pueden negarle la ayuda a ningún país ni a ningún pueblo, ni a ningún morito bueno.

 

Ellos, con su portaviones mágico, recorren el mundo vigilando si se comete alguna injusticia para, raudos, mandar a sus marines a salvar a las pibitas harapientas primero, a las viejas después, y en caso de que no sean terroristas, a sus madres. A sus padres y a sus hermanos no, porque seguro que si no son terroristas islámicos ahora, ya lo serán, y más vale prevenir que curar. Por eso, los marines andan patrullando los mares, por si observan un baño de sangre.

 

Hasta ahora no han visto ni olido sangre en Palestina, ni en Irak, ni mucho menos en las sangrientas dictaduras monárquicas saudíes. Sus rádares no han detectado nada, ni la CÍA tampoco. En cambio, los primos del Rey de los españoles andan viéndolas venir y quieren saber cómo actuar sin degollar públicamente a nadie; o sea, de una manera más europea. Están recibiendo cursos acelerados de la transición española para aprender a mover piezas de forma que todo siga igual.

 

También han preguntado a los yankis cómo frenar la rebelión de los árabes, si con tanques, con paramilitares, o con unas elecciones sin incidentes. No obstante, andan un poco desconcertados, pues la cosa va a más. Pero no hay problema, la señora de Clinton está calculando a cuánto ascenderá el barril de petróleo para ver si vale la pena una intervención armada, una operación de embargo en la ONU, o manda directamente a la CÍA a derrocar gobiernos o a aniquilar a la oposición que es lo que mejor saben hacer. No hay problemas que ellos no puedan solucionar. Con tal de salvar a la humanidad son capaces de lo que sea y más. Sacrificarán a sus aliados duros, presentarán a otros con rostro humano, arrasarán con toda la oposición de izquierdas acusándola de islamistas radicales, y garantizarán su particular baño de sangre de toda la vida. Luego llamarán a gobiernos como el español para que bendigan la transición democrática alcanzada por los líderes decentes y moderados. Recompondrán la armonía gestionando adecuadamente los gestos de las nuevas tiranías y eliminando a los revoltosos amantes de las plazas.

 

¡Un baño de sangre dice! Como si el baño de Irak, Sáhara y Palestina fuera de sales.