Los bancales de Valle Gran Rey

 

Juan Jesús Ayala

 

Desde que llegamos al conocimiento pleno de Valle Gran Rey, allá por el año 1964, nos llamó la atención la característica y singularidad de su barranco, limitado a un lado y a otro, desde La Vizcaína, Lomo Balo, El Retamar, Los Reyes, hasta llegar a la Casa de la Seda, no solo por la configuración de sus elementos geomorfológicos, sino por los bancales que están perfectamente definidos dentro de los diecisiete espacios que La Gomera tiene dentro de una superficie total de 12.450 hectáreas , donde el parque rural de Valle Gran Rey, hoy por hoy, debe tener máxima dedicación por ser espacio protegido y donde esa superficie se dignifica de manera extraordinaria por los bancales.

 

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Bancales y palmerales de Valle Gran Rey

 

Los bancales de Gran Rey tienen ahora la oportunidad de engrandecer el municipio a través de las ayudas necesarias, para que sus propietarios o las instituciones públicas, una vez que el fuego ha dejado una huella profunda y penosa tras el incendio, se recuperen y contribuyan de manera decisiva, para que lo que se ha deteriorado recobre su fortaleza y belleza sin parangón.

Años atrás, nos había creado cierto desánimo cuando, transitando carretera abajo, contemplábamos cómo una buena parte de esos bancales, verdaderos monumentos de la naturaleza, se encontraban yermos, balutos, y con sus paredes derruidas donde los linderos entre unos y otros apenas si existían, puesto que sus propietarios los habían dejado de cultivar por haberse dedicado a otros medios de producción que fueran más provechosos que la agricultura. Pero ahora es el mejor momento de volver a ellos, a tenerlos en cuenta y que, entre sus parcelas en escalera y su territorio perfectamente delimitado, vuelvan a levantarse sus paredes y se vean de nuevo las papas, el millo, la platanera, los mangos, los aguacates, los berros y los ñames.

De ser así, de poner en práctica una política decidida a embellecer de nuevo a Gran Rey, si las cañas del barranco ya atisban su nuevo verdor, si el palmeral se comporta resistente y vuelve a brotar, lo que quedaría por hacer para rehabilitar totalmente la zona, integrando en ella las casas dañadas, es reconstruir los bancales para de esa manera definitiva y contundente volver a contemplar esa parte del municipio no solo como era antes de la catástrofe sufrida, sino aún mejor, con más esplendor y belleza natural si cabe.

Esfuerzos ímprobos y extraordinarios tuvieron que hacer los agricultores de Valle Gran Rey e ir año tras año construyendo los bancales -monumentos de la naturaleza que hay que proteger de todas todas-, dado que, a pesar de lo escarpado del terreno y de accesibilidad complicada con su sudor y empeño, y tras una labor de titanes, han engrandecido el valle guiados por una subsistencia que allí se lograba con productos verdaderamente exquisitos.

Ahora es el momento de reencontrarse con aquello que quizás la memoria tenga depositada en el olvido, con los que fueron capaces, con sus esfuerzos, de andar los caminos para empujar hacia arriba parte de la Isla, ahora desposeída por la voracidad de las llamas, y que se merecen, los que en su día apostaron por la agricultura y darle belleza al valle, tengan su mejor recompensa volviendo sobre sus pasos y emulando sus esfuerzos.

Los poderes públicos tendrán que repoblar en Valle Gran Rey todo lo que sea necesario volver a apuntalar en los bancales, restaurar las viviendas y darle al barranco y a sus aledaños, machacados por la voracidad de un mal incendio, lo que ese territorio se merece, para que todo vuelva a su sitio. Y si se mejora, mejor que mejor.

Si todo esto fuera así, y debe ser así, no cabe la menor duda de que Valle Gran Rey, en su conjunto integral, seguirá siendo pujante, esplendoroso y como joya de la naturaleza, donde, insistimos, los bancales esperan de nuevo que se pongan en su sitio, para que lo que en su día fue una panorámica que llegaba a todos los rincones del planeta, como ejemplo y curiosidad monumental, siga, porque la gente de Valle Gran Rey tiene capacidad y decisión más que suficientes para buscar lo necesario, dentro de su municipio, en su isla y fuera de ella para que su nombre siga sonando con fuerza y mucho más que siempre.