¿Agua embotellada canaria o de fuera?

 

Las peculiaridades de las Islas Canarias en la obtención de agua se han ido forjando a lo largo de los siglos, a medida que sus pobladores han hecho frente a una situación deficitaria que condicionó hasta hace bien poco su desarrollo. La cultura popular de aprovechamiento del agua, heredada de nuestros antepasados, de generación en generación desde la época de los antiguos guanches, es el origen de la conformación de Canarias como ejemplo mundial en el aprovechamiento hidráulico.

De la explotación y distribución de las aguas subterráneas se ha hecho un arte, exportado a muchos lugares del planeta. La precisión técnica de los embalses y las presas, ubicadas muchas de ellas en paisajes inverosímiles, permite el máximo aprovechamiento de las escorrentías superficiales.

El agua existente en Canarias procede de las lluvias y de la lluvia horizontal que se ha filtrado en el interior de la tierra a lo largo del tiempo, acumulándose en lo acuíferos.

No toda el agua de importación que se vende embotellada es mineral natural, lo que podríamos definir como procedente de un manantial subterráneo con una composición mineral constante. Algunas aguas incluso son embotelladas y proceden del grifo, embalses, etc,  pero están tratadas. Es, por tanto, importante conocer su procedencia real.

Mientras que del agua canaria embotellada conocemos su procedencia, composición y calidad, no podemos decir otro tanto de las aguas embotelladas procedentes de fuera de Canarias, nos tendríamos que fiar de sus etiquetas y de su publicidad.

Si descuidamos el consumo, y  por lo tanto la producción de agua potable canaria, embotellada en Canarias, en el caso de que, por cualquier circunstancia, nos fallara el suministro del exterior, se provocaría un verdadero desastre.

Cabe preguntarse, ¿por qué últimamente en los restaurantes nos sirven agua de fuera sin consultarte siquiera? ¿Es qué viene subvencionada en origen y/o a su entrada en nuestro Archipiélago y por lo tanto dejan más beneficio al negocio?  Si nosotros frecuentamos los restaurantes y guachinches canarios y preferimos los productos del país, ¿por qué no también el agua embotellada? ¡Amor con amor se paga!